Los pulpos pueden cambiar de color. Lo hacen para camuflarse con las rocas, la arena, o el coral.
Pero Omi…
Omi era distinto.
Él cambiaba de color cuando sentía cosas.
🔴 Rojo cuando se enfadaba.
🔵 Azul cuando se sentía triste.
🟠 Naranja cuando se impacientaba.
🌸 Rosa cuando le daba vergüenza.
Incluso una vez se puso verde con puntitos morados… pero nadie supo por qué.
Y aunque cambiar de color parecía un juego… a veces podía ser un problema.
A Omi le encantaba jugar al escondite con sus amigos del arrecife, pero tenía un problema: cada vez que se escondía… ¡se delataba con un color brillante!
Un día se metió en una concha enorme.
¡Perfecto escondite!
Pero cuando pasó Coralina, su amiga estrella de mar… Omi se puso rojo. Muy rojo.
—¡Te encontré! —gritó Coralina.
—¡No vale! ¡Me puse rojo sin querer! —dijo Omi avergonzado.
Todos rieron.
—¡Omi, el farolillo del mar! —gritaron.—¡Omi, el semáforo!
Omi se puso rosa.
Luego azul.
Y luego… desapareció.
Se alejó nadando solo, muy hondo. Donde el agua era fría y oscura. Donde no llegaban las risas.
Allí se quedó. Quieto. Triste.
Donde nadie pudiera verle cambiar de color. Ni reírse de él.
Rojo… azul… rojo… azul…
Por primera vez, Omi no quería que lo encontraran.
Mientras tanto, en el arrecife, los demás seguían jugando.
Y desde la distancia, Omi vio cómo un barco se detenía sobre el arrecife.
Bajo su sombra, una enorme red de pesca descendía, moviéndose lentamente como un gran manto sobre el agua.
—¡Una red! ¡Los va a atrapar a todos! —exclamó Omi asustado.
Omi, desde lo profundo, sintió algo fuerte.
Miedo… ira… pero también algo más.
¡Tenía que avisarlos!
Cerró los ojos… y sin saber cómo, su cuerpo estalló en luz.
¡Un color nuevo!
Dorado brillante.
Como un relámpago bajo el mar.
La luz atravesó el agua.
¡Sus amigos del arrecife vieron el resplandor y huyeron justo a tiempo!
La red descendió, pero no atrapó a nadie.
Más tarde, cuando volvieron a jugar, todos miraban a Omi de otra manera.
Coralina lo abrazó con uno de sus brazos y los peces nadaron a su alrededor en círculos de alegría.
—Tus colores nos salvaron —dijo Coralina.
—Y aunque no lo hubieran hecho… seguirían siendo mis colores. —dijo Omi con una sonrisa.
Esta vez, se puso verde menta, y todos supieron lo que eso quería decir: felicidad muy profunda.
Con el tiempo, Omi aprendió a reconocer y controlar sus emociones.
Descubrió que todas eran importantes, y que cada emoción podría ser muy útil en el momento justo.
Y así, se convirtió en el mejor jugador de escondite del arrecife.
Aunque, claro… todavía nadie sabía qué significaba ese extraño color verde con puntitos morados.
Descúbrelo en los próximos cuentos.
